Testimonios

GRACIAS A LOS CONTRIBUIDORES, ENTREVISTADORES Y EDITORES.

Alba Alicia Márquez Díaz Ignacio de Jesús García Reyes María Juvenecía Luna Viuda Rosa Emilia Chica
Alejandra Sorto Rodríguez ISIDRA HERNÁNDEZ MARÍA LIDIA SANTOS VIGIL SABINA LUNA PÉREZ
Andrea Márquez Chicas LOCADIO PEREIRA MARÍA MATILDE CHAVARRÍA MADARIAGA SANTOS ANGELINA ORTIZ PÉREZ
Buenaventura Hernández Luna MARCELA VIGIL SÁNCHEZ MARÍA VISITACIÓN SOLÍS ROSA SANTOS EULALIO MARTÍNEZ
Blanca Félix Ortiz López MARÍA CELINA VELÁSQUEZ MARTA BEATRIZ HERNÁNDEZ TITO LUCAS LÓPEZ
DONANTILLA DÍAZ CHICAS MARÍA CESARÍA PORTILLO MARTA LIDIA HERNÁNDEZ TOBÍAS JOEL HERNÁNDEZ
Dorotea Sorto MARÍA DEL CARMEN HERNÁNDEZ MAURA CATALINA REYES VIGIL VICENTE HERNÁNDEZ
Efigenia Romero Márquez MARÍA ELENA GÓMEZ DOMÍNGUEZ NARCISA REYES VICTORINO PÉREZ LUNA
Esteban Chicas Sánchez MARÍA ELIZABETH ARGUETA PADRES CANALES Y RAMÍREZ VIDAL PÉREZ
Fermín Luna MARÍA FÉLIX PÉREZ POLIGENIA GARCÍA ACOSTA VIRGINIA MADARIAGA


Alba Alicia Márquez Díaz

8 | septiembre | 1952


A la edad de 12 años me dedique a trabajar para sobre vivir. Trabajé en agricultura, también haciendo pan y tamales para vender y poder comprar ropa y zapatos, vivía en una familia pobre, no teníamos recursos económicos y sólo pude estudiar hasta segundo grado.

Éramos cinco hermanos, hoy soy madre soltera.

En 1980 me organicé para elaborar con los compas. En ese año anduvimos huyendo por los montes porque nos buscaban para matarnos. Estuvimos refugiados en los toriles y la Guacamaya y cuando regresamos a nuestras casas ya las habían quemado los militares. También nos comieron las vacas, gallinas y todos los animales.

Y como ya no aguantábamos la represión del ejercito decidimos buscar refugio en Colomoncagua, nos fuimos en septiembre de 1981 yo iba embarazada y llevaba tres niños pequeños conmigo. Cuando llegué a los campamentos en Colomoncagua me incorporé en muchas actividades, fui encargada de vivienda, también encargada de disciplina, también trabajé en el taller de sastrería y fui a la escuela para aprender un poquito más. Hoy puedo leer y escribir.

Para mí el refugio fue como una escuela, aprendíamos muchas cosas buenas, vivir en comunidad, trabajar en colectivo, había mucha organización y todos participábamos.

 

El Top


Alejandra Sorto Rodríguez

2 | mayo | 1931


A la edad de 13 años tuve mi primer hijo, en total tuve 11 hijos de los cuales murieron dos en el pasado conflicto armado.

No se leer ni escribir, ya que de pequeña no me mandaron a la escuela porque mi familia era muy pobre.

En 1980 comenzó la represión en el lugar que vivíamos y tuvimos que salir de nuestras casas por el medio a que nos mataran. Huimos hacia los montes, yo andaba con dos niños pequeños, no comíamos nada, no tomábamos nada, porque no podíamos movernos de donde estábamos. La represión fue muy fuerte en el lugar donde vivíamos, en octubre de 1980 pasamos a ser refugiados en Villa el Rosario. Nuestras casas fueron quemadas por eso no podíamos regresar. En esos mismos días nos dijeron a buscar refugio en Honduras porque en EL Salvador ya no se podía vivir.

El camino hacia Honduras fue muy grande y peligroso y cuando llegamos a Colomoncagua sufrimos de hambre y frío porque aún no había llegado la solidaridad de los países. Después, en los campamentos me incorporé en las cocinas colectivas, también en la limpieza del lugar donde vivíamos. La vida en los campamentos me pareció muy bonita, aprendíamos a vivir en la comunidad, todos comíamos lo mismo, vestíamos lo mismo, había mucha organización.

En Enero de 1990 vinimos aquí a Meanguera. Hoy vivo en la Comunidad Segundo Montes en la colonia 18 de Noviembre.

 

El Top


default-no-image

Andrea Márquez Chicas(fallecida)


Soy una sobreviviente.

Yo estuve perdida tres años en la guerra y mi alimentación eran frutas, pescado, camarones, cangrejos, tortugas y también guineos verdes. En ese momento, andaba con una niña y se me murió. Ocho días la anduve en mis brazos, después de ocho días, la enterré. Hice un hoyo con un palo, la enterré y me fui. De ahí, al siguiente Regresé donde había enterrado a mi hija, pero no la encontré. Yo me fui al río Sapo, me alejé de ese lugar, al mucho caminar, encontré gente, pero yo no me dejaba ver, porque no sabía si eran soldados o compas, así que le huía a la gente. Mucha gente decía que yo era la siguanaba, cuando me veían desnuda por el río. Me fui a una quebrada a bañar por mucho tiempo y gracias a dios nunca pasó nada.

Cuando me perdí tenia 23, ahora tengo 50 años.

Después que me agarrón me llevaron a una clínica, después de la clínica me mandaron a un centro de recuperación, pero siempre yo me sentía triste, porque me encontraba sola, pero ahora tengo a mi mamá y dos hijos que está conmigo ahora lo que necesita es ayuda. Cayeron tres hermanos en el conflicto armado, hijos de mí mamá.

Cuando estuve perdida, yo perdí mi voz, cambió mucho, y hubo tiempo que no podía hablar muy bien. Éstas son mis palabras, las que recuerdo.

El Top


BUENA VENTURA

Buenaventura Hernández Luna

14 | julio | 1969


Yo crecí con mis padres, ellos se dedicaban a la agricultura y elaboraban hamacas de henequén, yo les apoyaba en lo poco que podía. A la edad de 6 años me mandaron a la escuela junto a mi hermana mayor, nos quedaba bastante lejos pero eso no era excusa para no asistir a clases.

Logré hacer hasta tercer grado, después no pudimos seguir estudiando por los rumores de la guerra. Entonces empiezan los grupos clandestinos para tomar conciencia y empiezan a reunir más personas para que se incorporen a formar parte de este proyecto, para contrarrestar las injusticias y la desigualdad con el fin de tener una vida digna y más humana para todos y todas.

En el año 1980, un 20 de Enero, asesinan al sacerdote Octavio Ortiz Luna, hijo de Alejandro Ortiz, que era quien me daba doctrina y hacia las celebraciones en el caserío. Mi mamá y mi papá asistían a las reflexiones que él hacía, después empiezan a perseguir a los catequistas y demás personas. La vida era muy triste porque empezó la represión y la persecución, quemaron casas, destruyeron cultivos y asesinaron personas inocentes que no se identificaban con aquello de lo que ellos les acusaban.

Por ese motivo en el año 1983 se toma la decisión de que nos fuéramos para el exilio. Mi papá no se encontraba con el grupo en que andábamos nosotros y yo me sentía mal por no saber de él: dónde estaba, ni si él se daba cuenta de dónde estábamos nosotros. Pero igual nos fuimos con el grupo de personas que ahí estábamos, caminando toda una noche con niños, mujeres embarazas y ancianos. Llegamos al Campamento de Callejones ahí nos recibieron dándonos alimentación y techo, luego nos reconoció el ACNUR y nos llevaron para el campamento de Limón Uno, donde vivimos alrededor de seis años.

Para mi fue una experiencia muy grande. Esos seis años los sentí cortos porque fue una escuela para aprender muchas cosas que no las enseñan ni en la universidad. Lo que se desarrollaba dentro de los campamentos, todo, era colectivo. Yo trabajé en cocinas colectivas para las personas que trabajaban en los diversos talleres para el bien de la misma comunidad. También fui misionera, cruzábamos la frontera para venir a dejar alimentación a los compas. Vinimos a los municipios de Torola y San Fernando. Esto lo hice en los años 1984 y 1985 y en el año 1986 me incorporé a una escuelita de formación y preparación de jóvenes. En el año 1989 tuvimos noticias de una propuesta de repatriación; para mí eso no era muy agradable, porque yo pensaba en la guerra que aquí había y además no teníamos ni un familiar que nos estuviera esperando con una casa.

Actualmente vivo en la Comunidad Segundo Montes, realizo trabajos dentro de la misma Comunidad. Como organización de mujeres y pastoral comunitaria trabajamos para rescatar la memoria histórica y colectiva, para no dejar en el olvido a los miles que dieron sus propias vidas para que hubiera transformaciones profundas en beneficio de las personas más vulnerables.

El Top

Blanca Félix Ortiz López

16 | septiembre | 1952


Desde que nací viví con mis padres y mis hermanos. Yo tenía 8 años de edad cuando murió mi mamá y quede sola con mi padre y mis hermanos hasta los 11 años, a esa edad falleció mi papá. Mis hermanos mayores me cuidaron. Vivíamos de la agricultura, sembrábamos maíz, frijoles, yuca, huertas y algunas de nuestras siembras las vendíamos para comprar otros alimentos. La casita donde vivíamos era de barandillas y de zacate. Nos alumbramos con candil y el agua la íbamos a traer lejos de donde vivíamos. Cuando nos enfermábamos utilizábamos remedios caseros, por ejemplo el colachi, quina, jiguilete, valeriana, etc.

Cuando se vino la guerra nos salimos de la casita y dejamos lo poquito que teníamos. Salí con la niña que tenía en ese entonces y mi esposo. Me reuní con otras familias y salimos para ponernos al salvo de las balas y morteros que tiraban los soldados. Nos escondíamos en lugares donde no nos fuera a ver el ejército, en el día pasábamos escondidos, caminábamos sólo por las noches a oscuras y en silencio para que no nos encontraran. Aguantamos hambre, sequía, tormentas, fríos, los niños lloraban y nosotros también juntos a ellos. Soportábamos todo para que no arriesgar nuestras vidas.

Al volver a nuestro ranchito ya no había nada, porque los soldados nos quemaron todo lo que teníamos. Me refugié en la Villa El Rosario con otras personas. Nos dijeron que nos iban a enviar en grupos a Honduras. Yo salí el 1 de Mayo de 1981 y llegue el 4 del mismo mes a los campamentos de refugiados en Honduras. Gracias a Dios llegue con bien a ese lugar pero no volví ver a mis hermanos. Yo pensaba si estarían vivos o muertos y le pedí a Dios que algún día pudiera verlos otra vez.

En Honduras vivía en el campamento de Copinoles en la colonia 8. Trabajé en la cocina haciendo tortillas y cocinando frijoles para toda la gente de la colonia. Allí forme mi propia familia y participé en reuniones de la colonia y con las catequistas. También hacia turnos por las noches, mientras la comunidad dormía.

Como 2 años vivimos en Honduras. Las organizaciones internacionales nos llevaban alimentos. Creo que después se perdió el valor de la unidad y cada quien empezó a trabajar individualmente. Se perdieron las granjas que había, la sastrería donde se hacía ropa y todo lo demás. Hoy vivo en la colonia EL Redondel en una casa de bloques y teja. Gracias a la ayuda internacional vivo con mis 4 hijos y 2 nietas y participo en actividades que hay en la comunidad.

El Top

IMG_4072

Donantilla Díaz Chicas

3 | mayo | 1950


Fuimos perseguidos por estar organizados y nos fuimos de Volcancillo, por el Río Sapo.

Estando allá, llegó la fuerza armada y me amenazaron a muerte sino decía dónde estaban los compas. Varias veces fui amenazada, entonces, nos mandaron para el exilio en Colomoncagua.

Cuando llegamos, a los campamentos de refugiados, siempre fui del plan de seguimiento de organizaciones, fui distribuidora de alimentos a la colonia.

La llegada fue una alegría, sabiendo que de ahí ya no íbamos a andar en guindas, como se decía al moverse. Pero nos preocupábamos cuando las tropas Hondureñas invadían nuestros campamentos.

Estando yo en la bodega repartiendo varios cosas. Nos llego la información que nos íbamos volver a venir a El Salvador. Fue una gran alegría y esperanzas.

Yo fui una de las que nos venimos en el grupo del 18 de noviembre de 1989 a trabajar, limpiar y preparar los lugares donde iba a ser cada asentamiento.

Ahora yo siempre estoy participando en organizaciones comunitarias.

El Top


DOROTEA SORTO

Dorotea Sorto

28 | marzo | 1930


Yo soy madre de tres hijos que se organizaron. En un principio ellos salían y no me decían para donde iban, luego les insistí en que me informaran de sus planes y por fin me dijeron que se estaban organizaron para luchar en la guerra, por las injusticias de ese entonces. A mí, como madre, no me pareció porque a ninguna madre le gustaría ver fracasar a sus hijos. Pero ellos me dijeron, que como buena católica, escuchara a Monseñor Romero en la radio, Voz Panamericana, que orientaba a la gente y que se escuchaba a las 8:00 de la noche y donde celebran misas; y yo les pedí a mis hijos que no fueran, pero ellos me dijeron que era una lucha en defensa de los niños y los ancianos y los más vulnerables y más indefensos. Yo les ponía el ejemplo de Nicaragua que se libró también un conflicto.

Ellos me dijeron que nuestro país sería diferente y siguieron luchando hasta que dieron su vida.

En 1980 se vino un operativo de tierra arrasada y nos fuimos para villa El Rosario y nuestros compas se fueron para el otro lado del Río Torola, exentamente, el 15 de octubre de 1980.

En ese entonces, mi primer hijo, cuando llegamos a la vía El Rosario, llegaron los soldados a preguntarnos quién nos había llevado; al día siguiente nos dijeron que nos presentáramos en un reunión al campo de futbol. Cuando estábamos ahí, hicimos dos filas, una de hombres y el otro de las mujeres, y al mediodía, se puso una gran tormenta despejaron a todas las mujeres porque había muchos niños, pero dejaron a los hombres. Antes de dejarnos ir nos pedían la cédula, pero no teníamos documentos. En ese momento, ellos mataron a muchos hombres y los tiraron a un barranco.

A los ocho días después nos dijeron que nos fuéramos para nuestras casitas, que las habían quemado, pero la mía estaba buena todavía.

En mi casa estuvimos varias madres con sus niños y algunos ancianos. A los ocho días más tarde, llegó la fuerza armada, alrededor estaba lleno de soldados, en ese momento estaba sola con una señora sorda y un muchacho mudo. A este mudo, lo tomaron del cuello y le pedían que hablara y les dije que era mudo.

Después, se fueron para donde mí a preguntarme por mis hijos y mi esposo, yo les contesté que ellos andaban por la milpa y que no habían regresado. También les dije que mi esposo se había ido para la Vía El Rosario y que no lo había visto. Los soldados me decían que les diera gas para quemar la casa y que a mí, me iban a matar. En eso mismo, me llevaron muchas cosas como radio y las hamacas. Cuando se fueron hicieron una gran balacera.

Me dijeron, también, que a mediados de la semana iban a volver y si me encontraban nuevamente, no me iban a perdonar.

Desde que salimos de nuestra casa huimos rumbo a Colomoncagua, Honduras donde se instalaron los campamentos de refugiados.

Soy madre de hijos caídos, por eso no se me olvido de este sufrimiento.

El Top


Efigenia Romero Márquez

20 | noviembre | 1952


A la edad de 8 años me pusieron a trabajar en el torno haciendo pitas para elaborar hamacas. También aprendí a elaborar la pita y a tejer jarcia Cuando tenia 10 años aprendí a hacer tortillas y también empecé a ir a la escuela. Logré terminar hasta segundo grado cuando era niña y después, ya adulta, hice hasta quinto grado.

En el año 1979 inició la guerra. Sufrí mucho. Llegando al 1980 sufrimos un bombardeo. Cayeron muchos de nuestros familiares y perdimos nuestras pertenencias, por eso decidimos buscar auxilio en el hermano país de Honduras. Pero no fue fácil porque tuvimos que caminar por las noches, por temor a que nos fueran a matar.

Teníamos mucho miedo porque oímos muchas balaceras de los soldados Salvadoreños. Con todas estas dificultadas llegamos a un lugar llamado Las Flores donde fuimos recibidos por ACNUR y nos llevaron al pueblo de Colomoncagua. Éramos un total de 800 personas. Llegando al pueblo de Colomoncagua los soldados hondureños nos querían regresar otra vez para El salvador.

Gracias a Dios dentro del grupo iba una señora llamada Ofelia Caballero. Ella discutió con ellos y todos hicimos resistencia para no regresar al país, porque sabíamos que el país estaba en plena guerra. Si regresábamos íbamos a ser víctimas del conflicto.

Siempre Dios nos cuidaba, fueron llegando más personas solidarias y cooperantes que nos apoyaron mucho. Primero sufrimos hambre, pero poco a poco fueron llegando alimentos, ropa, medicinas y zapatos. Luego se fue implementando la organización en las distintas áreas de trabajo para el sustento de las mismas personas.

Yo fui coordinadora de alimentación y compartí lo poco que aprendí en mi estudio con las personas adultas. También trabajé en las cocinas colectivas, por las noches trabajaba en seguridad, cuidaba la colonia y era catequista de niños y adultos.

Cuando regresamos a El Salvador todavía había guerra y fuimos amenazados por las Fuerzas Armadas. Apoyé haciendo comida para los compas que estaban todavía luchando junto a mi esposo y participé como logísta de alimentación durante la lucha. También doy gracias a Dios porque se hicieron los Acuerdos de Paz en nuestro país en 1992.

Hoy nos encontramos en una vida diferente al pasado. Ahora siempre seguimos participando en las distintas asociaciones de mujeres como Ciudad Mujer, Asociación para el Desarrollo Integral de la Mujer (ADIM) y en la ADESCO del caserío El Barreal. Todos estos trabajos son voluntarios en apoyo a la comunidad.

El Top


Esteban Chicas Sanchez

26 | diciembre | 1948


Cuando era niño sólo estudié 2° grado, después de que salí de mis clases me puse a trabajar en la agricultura, cultivando maíz, frijol y maicillo. Esto, sólo para el sostén de mi familia. Después que recogíamos la cosecha, nos dedicábamos a sacar henequén, a mano, primero con estacas de madera, después las cambiamos por estacas de callo de metal. Esto lo hacíamos para comprar nuestro vestuario. Cuando ya crecí nos fuimos con otros amigos a la temporada de corta de café, recolección de maíz, frijol, y halar caña de azúcar por los ingenios azucareros, allá por Lourdes Colón, en el departamento de La Libertad.

También participé en tres proyectos comunales en el lugar donde nací. El primero fue en la instalación de agua a través de un acueducto de PVC para el caserío; el segundo, fue la construcción de un puente que está en el río La Joya a la par del caserío Los Quebrachos. El tercer proyecto, fue la apertura de la calle que va de la calle negra, en el caserío San Luis, hacia el caserío El Portero de La Joya.

Me organicé en Marzo de 1977, después de las elecciones presidenciales del 20 de Febrero de este año. Las elecciones fueron las más fraudulentas que he visto en la historia del municipio de Meanguera, pues al votante le daban la papeleta doblada para que sólo viera la bandera del PCN y sin representación del otro partido. Los simpatizantes de la Unión Nacional Opositora de San Salvador se tomaron la Plaza Libertad para responder el fraude electoral del 20 de Febrero. El día 28 de Febrero, o sea a los ocho días de esas elecciones, fueron desalojados con fuego de metralla por el ejercito Salvadoreño, comandado por el presidente de la republica Coronel Arturo Armando Molina.

Al ver lo ocurrido en las elecciones y cómo les habían respondido a los manifestantes en la Plaza Libertad, me entró un gran coraje que deseaba tener poder para vengarme. El 28 de Febrero se bautizó las Ligas Populares de liberación que fue el brazo político del ERP, entonces, se nos dijo que había otra forma de continuar luchando y que era la lucha organizada clandestina.

En diciembre de 1980 salimos para el exilio en Colomoncagua, Honduras, pues ya no podíamos vivir en nuestro país, por la represión del ejército gubernamental de ese momento. Una vez asentados en los campos de refugiados fuimos organizados en diferentes estructuras, a mi me asignaron la responsabilidad de la salud en mi colonia. Compas extranjeros nos enseñaron cursos de primeros auxilios como tomar señales vitales y dar medicina preventiva. Esto fue de 81 al 85. Del 85 al 88 trabajé en la conducción política del asentamiento Limón-1, donde estuve refugiado. Del 88 al 89 trabajé en la hortaliza; y de 1990 hasta 1999 trabajé de educador popular. Dando clases de 1° grado hasta 6° grado, durante estos años, daba clase por la mañana  y recibía capacitación por la tarde.

El Top


Fermín Luna

7 | julio | 1932


Crecí al lado de mi madre ya que mi padre murió cuando apenas era un niño. Antes de los cinco años me compraron una cuma para enseñarme a trabajar la tierra, por eso no tuve oportunidad de estudiar, ya que me tocó trabajar debido a la gran pobreza.

A mis 48 años huí a Colomoncagua, Honduras, formando parte de los refugiados, realizando diferentes tareas. Luego, regresé a El Salvador y me incorporé a la guerrilla realizando tareas como misionero, logístico, cargador de heridos y trasladar armamento en bestia a pueblos como Villa el Rosario y San Carlos.

Me desmovilicé, somos pocos los que vamos quedando, este es un testimonio que lo vivimos en carne propia y ahora por la edad ya no puedo trabajar.

El Top


Ignacio de Jesús García Reyes

31 | junio | 1927


Antes de la guerra vivía con mis papás. Estudié hasta tercer grado y caminaba más de una hora para llegar a la escuela. Me casé a los 30 años con Elisa Sánchez. Vivíamos de la agricultura, sembrando maíz, maicillo, arroz, frijoles, yuca y huertas. Algunas de nuestras cosechas las vendíamos para comprar lo que necesitábamos como ropa, caites y alimentos

Teníamos animales: vacas, cerdos y gallinas. Para cubrir los gastos también trabajé la jarcia, hacía lazos, matates y los íbamos a vender hasta Gotera. También trabajé en carpintería, hacia casas. La casa donde yo vivía la hice con ayuda de otras personas. Era de adobe y teja. Alumbrabamos con candil y el agua que tomábamos era de pozo, estaba a una cuadra de la casa. Cuando nos enfermabas tomábamos horchatas de montes, de copachillo, güigüilite, la quína la usábamos para curar a las personas cuando se golpeaban.

Cuando se dio la guerra, salí a andar “guindiliando” por el monte con mi esposa y mis hijos aguantando tormentas hambre, sequía y frío. Los soldados nos quemaron todo lo que teníamos, la casa y los graneros de maíz y de maicillo. Me quemaron 21 sacos de arroz, no nos dejaron nada. No podíamos regresar a la casa porque los soldados estaban ahí viviendo y si llegábamos nos iban a matar. En el día pasamos en el monte escondidos y algunas veces volvíamos al lugar donde vivíamos antes a ver si hallábamos algo.

En la noche nos íbamos a dormir al monte en lo oscuro y en silencio. Los niños lloraban del hambre, del frío y porque no les gustaba lo oscuro. Nos encontrábamos con otras familias para andar juntos tratando de salvar nuestras vidas y las de todos.

Me refugié en la Villa El Rosario, ahí la gente buena nos daba lugar donde dormir, en los corredores del la casas o en las parcelas de sus casas. Nos daban comida a todos los que llegábamos. Ahí nos organizaron en pequeños grupos para sacarnos hacia Honduras. Yo me fui en el año 1980. Llegue el 3 de Abril de 1981. Llegue al Campamento Limones 2 y ahí viví con mi familia.

En Honduras trabajé como encargado de la bodega, donde alzaba todo: herramientas y ropa. Di dos de mis hijos a la lucha y murieron, nunca los volví a ver pero murieron luchando por el bien común de todos.

En 1981 regresamos a El Salvador donde me instalé en el asentamiento Hatos 1.

El Top


Isidra Hernández

15 | mayo | 1948


Antes de la guerra yo vivía con mis padres, hasta la edad de 19 años, después me casé y forme mi hogar aparte. Viví con mi esposo hasta la época del ochenta. Vivía de la agricultura; maíz, frijol y hacia pan y tamales para vender para el sustento de mis hijos. Mi casa era de madera y el techo de teja. Alumbraba con candil, no teníamos servicio de agua, era de poza y estaba cerca de mi casa. Cuando nos enfermábamos nos curamos con remedios caseros, por ejemplo, cáscaras de árboles para curar diarrea, anís u orégano. Sólo para controles del embarazo era que había una clínica y caminábamos dos leguas. Nuca fui al hospital para tener los niños. Los 6 hijos que tuve, los tuve en la ranchita donde vivía. Cuando tenía a mi niño o niña a los ocho días hacia el trabajo de la casa. Molía comida para los mozos que buscábamos para trabajar la tierra, iba lejos a dejar la comida.

Cuando se vino la guerra en el año 1978 estaba con mis 5 hijos y embarazada de mi sexto hijo. Lo tuve en el monte. Deje todo lo que tenía en mi casita y me organicé con otras familias para andar juntos para salvarnos de las balas y morteros que tiraban los soldados.

Estuve en un cantón cerca de Guacamaya, reunida con otras personas de otros lugares y fue cuando decidimos buscar refugio en otro país porque ya no podíamos vivir aquí. Perdí comunicación con mis papás porque ellos salieron para otro lado y yo me fui ara Honduras. Caminábamos solo por las noches y en el día permanecíamos escondidas con los niños, aguantando hambre, sequia y frío. En algunas partes encontrábamos alimentos para los niños para apagar el hambre; conseguíamos dulces y los adultos comíamos agua.

Teníamos miedo de caminar en el día porque los soldados los podían ver y matarnos pero siempre nos encomendamos a Dios y a la Virgen que nos protegieron. Los niños lloraban y nosotros también junto a ellos, por todo lo que estaba pasando. Mi esposo todos los días iba a esconder a mis hijos grandes en una cueva para que los soldados no pudieran encontrarlos y matarlos.

Yo salí a Honduras en diciembre de 1980 y llegue a Colomoncagua el 13 de Diciembre del mismo año con mis 6 hijos y mi suegra. Le pedía a Dios que me concediera ver a mis papás de nuevo y así fue, volví a ver a mi mamá y mis hermanos pero a mi papá ya no alcancé a verlo.

Vivimos 9 años refugiados en el campamento de Callejones, en la colonia 9. Yo trabajé como coordinadora de la misma colonia en la cocina. Todos vivíamos igual; comíamos lo mismo, vestíamos lo mismo y la comunidad era muy unida. También había una radio donde se daban a conocer todo lo que estaba pasando en EL Salvador.

Regrese a El Salvador en el año 1990, en Febrero. Siempre vivo en la comunidad no he perdido ese valor de unidad, de solidaridad con las personas. Participo cuando puedo en las actividades que realizan en la comunidad. Creo en Dios y la Virgen, ya que ellos nos acompañan siempre en todos los momentos alegres y tristes de nuestra vida.

El Top


Locadio Pereira

18 | septiembre | 1939


Antes de la guerra no teníamos nada, pasábamos sólo trabajando, en maicería, sacando mescal y el cultivo de maíz. Éramos nueve hermanos en mi familia, en el año 1962 forme mi hogar. Había una tranquilidad hasta 1978 cuando comenzó la guerra, empezaron a motivarnos, salía a reuniones, en 1980 nos incorporamos.

Las tareas que empecé a hacer eran las de vigilancia en los teleféricos, anduvimos en la Guacamaya formando los grupos por campamentos, anduvimos poniendo emboscadas. Después me dieron un trabajo administrativo de guardar la casa. Cuando eran los operativos anduvimos por Joateca y Torola. En el 1981 fui al campamento de Copinoles, en Colomoncagua Honduras y luego en 1983 regresé a El Salvador y continúe con el mismo trabajo administrativo. De mis hijos anduvieron tres en la guerra Francisco, Valentín y Pasita.

En la actualidad trabajo en la agricultura cosechando maíz, frijoles y una huerta, en la Guacamaya.

El Top


Marcela Vigil Sánchez

24 | febrero | 1946


De la edad de 7 a 9 años fui a la escuela, 1° y 2° grado, y ya no pude ir, porque me quedaba muy lejos la escuela y me quedaba haciendo los quehaceres del hogar. A la edad de 18 años me aparté de mis papás para formar mi hogar y luego me casé y procreé ocho hijos y se me murieron cuatro y tengo cuatro vivos.

En el año 1979 y 1980 llegaron tres bases represivas de la policía de hacienda, preguntando por unas personas del cantón, de quienes sospechaban que eran subversivos: Juan Vigil y Meregildo.

A los ocho días volvieron a patrullar la zona y cateando casa por casa y muchas de ellas las quemaron, a los ocho días después volvieron a pasar de nuevo y me preguntaban: ¿porqué moles? Y yo les contesté que tenía que darle de comer a mis hijos y después de eso yo ya no quise vivir en la casa y me fui al monte y después del operativo de Tierra Arrasada me tuve que ir a buscar refugio en el pueblo de Villa El Rosario.

El 29 de octubre de 1980 me matan a mi primer hijo, que se llamaba Chicas, le dieron un balazo en la espalda y yo lo recogí, en un petate, y como a eso de las cuatro de la tarde falleció y en ese mismo día mataron a mi tía Rosenda, primero la cuelgan y luego le disparan y murió, y yo vi con mis propios ojos, ver como mataron a mi hijo y a mi tía, yo quedé sentada, como paralizada, hasta eso de las cinco de la tarde. Dejé a mi hijo y me fui a huir y ya no regresé a mi casa, me vine para la Villa El Rosario.

En 1980 nos fuimos para el refugio de Colomoncagua, Honduras, y mi trabajo fue en las cocinas colectivas y aprendí a vivir, a convivir y compartir todo lo que hacíamos en El Salvador con las demás personas del campamento de Callejones.

A la misma vez, el 29 de agosto de 1989, hubo una masacre donde murieron dos personas y hubo varios heridos y varios capturados y falleció Quincho y una niña llamada Gloria Noemí Blanco.

Esta es mi biografía, hoy vivo en la Comunidad Segundo Montes, Caserío El Barrial, Cantón Cerro Pando.

El Top


María Celina Velásquez

19 |mayo | 1934


Yo nací en el Rosario en Morazán. Yo estudié hasta 6to grado. Me ingrese a la edad de 15 anos a animar las comunidades en la religión católica, dando charlas para sacramentos. Formado grupos de ser comunión animado a la población del cantón. Luego se comenzó el movimiento de organizaciones populares campesinos, de esto me agrado mucho y me desperté a otra vida conocimiento, un nuevo concepto de Dios. Yo participe en la animación y organización de las comunidades agrupando la gente a luchar en las calles de San Salvador, Usulután y San Miguel. Tomábamos los edificios.

Todo esto fue para denunciar la situación de miseria y explotación que vivimos provocada por la diversión de clase social. En el exilio, yo ensene a leer y escribir a los niñas(os) y adultos con pedazos de lápiz y papel blanco. Nos sentábamos bajo los arboles en truncos de madera y piedras. Luego, por un accidente durante de la guerra, me ingrese a sastrería donde mi trabajo fue ensenar medirlas para cortas tela para confeccionar.

Ahora en pastoral, estoy ensenando a niños y adultos los principios y valores del Reino de Dios. Soy una fundadora honoraria de la Asociación de desarrollo pastoral comunitaria de Meanguera. Ahora participo en el movimiento veteranos(as) de guerra y también trabajo fuerte en la organización de adultos(as) mayores que perdieron sus hijos en el conflicto armada. Participó en la articulación de Iglesias de Base nivel regional y mi decisión es que mi misión terminara justo con mi persona seguir.

Mi visión es que se logren los cambios de vida mas humana aunque no lo logre pero forjare mis esfuerzos hasta mi ultima respirar.

El Top


María Cesárea Portillo

20 | febrero | 1947


Yo crecí con mis hermanos porque mi papá murió cuando tenía cinco años y mi mamá murió cuando tenía 9 años. A la edad de 8 años fui a la escuela haciendo segundo grado. Después me dediqué sólo al oficio de la cocina junto a mis hermanos, cuidando animales, gallinas y ganado. Después cuando llegué a la edad de 17 años me casé y pasé a formar mi hogar. Mi trabajo siempre fue la cocina, apoyar a mi esposo en la agricultura, también elaboraba artesanías de barro y hacía pan para vender dentro del caserío.

Después, a partir de los años 79 y 80 ya no podíamos seguir trabajando de esa misma forma por la represión de las Fuerzas Armadas. Nos empezaron a destruir los cultivos, quemaron casas, mataron animales y personas porque los vinculaban con ser subversivos. Yo fui perseguida pero no descuidé a mis hijos. Siempre me mantenía a la expectativa de las demás personas del caserío por cualquier circunstancia que pasara.

Después nos sacaron para el municipio de Villa El Rosario, nos fuimos en busca de refugio. Estando ahí sufrimos hambre, fuimos muy cuestionados e interrogados por las Fuerzas Armadas. Ahí capturaron a mi esposo y desde ese momento no lo volví a ver. Luego regresamos a nuestras casas pero ya no habían casas porque las habían quemado.

Yo y mi familia seguimos huyendo por los montes a causa de la persecución. Viendo que ya era muy difícil vivir aquí decidimos ir en busca de refugio en el pueblo de Colomoncagua, Honduras. Llegando sufrimos mucho porque dormíamos a campo libre, no teníamos alimentación, ni salud. Fuimos maltratados por los militares Hondureños. Permanecimos de tres a cuatro meses en el Pueblo de Colomoncagua. Después, ACNUR nos llevo a formar los campamentos donde permanecimos durante 9 años. Yo trabajé coordinando una colonia, también trabaje en alimentación, seguridad, salud y en la pastoral.

El tiempo que viví fuera de mi país me gusto mucho, porque aprendí muchas cosas que yo no sabía y compartí lo que sabía. El mismo trabajo colectivo me hacia olvidar todos los sufrimientos, es decir, el trabajo me servía como para distraerme y no pensar en el pasado. Las demás personas me consolaban con su presencia en los distintos trabajos que realizábamos en conjunto, también habían personas de distintos municipios y departamentos. Sin embargo todos teníamos los mismos derechos para todo lo que se realizaba dentro del campamento.

El Top


default-no-image

María del Carmen Hernández


En la fecha del 10 de diciembre de 1980 llegó mi hijo, como a las once de la noche, y me dijo: Mamá tenemos que salir de aquí porque viene el operativo, el pueblo está lleno de soldados.

Lo que hice, fue recoger a mis hijos de un inmediato y salir y no fue posible sacar nada más. Además, en esos días ya no estábamos en nuestra casa porque los soldados la habían quemado.

Luego salimos sin saber a dónde podíamos llegar, en el momento que íbamos caminando fue que escuchamos que era para Honduras, que íbamos. En todo el camino fue de no comer. Luego, llegamos a un lugar y en ese lugar salieron unos hombres y nos dieron unas galletas, sólo para los niños, y los adultos seguíamos aguantando hambre.

De repente, cuando íbamos cruzando la carretera, encontramos un camión para que pasáramos, pero rápido se cayeron, al pasar la calle y se golpearon las rodillas, que esta se sacaron sangre, casi sólo de noche caminábamos y era una tristeza porque los niños se dormían y hasta se caían del sueño dormidos y muchos se perdían de sus familiares.

Luego, llegamos a una finca y en ese momento escuchamos una balacera, y nos dijeron los guías que no hiciéramos bulla, porque  no vaya a ser un desvirgue que puede pasar. Gracias a Dios que no pasó nada, cuando pasó toda la balacera, seguimos caminando.

Luego, entramos en tierra Hondureña y ahí carecíamos de un bocado de tortilla, que hasta sentíamos el olor a tortilla tostada, pero qué íbamos hacer, aguantar sino había nada que comer, ahí pasamos la noche. Al amanecer, nos recibieron, pero en ese lugar hubo madres que bajo de los árboles dieron a luz a sus hijos y así les tocó sufrir esa angustia y fue duro para todos.

Luego, llegamos al Pueblo de Colomoncagua, nos llevaron a un llano, ahí nos sentamos un rato y dijeron unas personas que nos quedáramos y unos hombres fueron a traer frijoles y maíz al pueblo, cuando escuchamos eso nos alegramos porque ya íbamos a comer algo, las demás personas serían para cocinar los alimentos.

Ésta es nuestra memoria histórica, la que hemos vivido, pero ahora estamos en este lugar en donde Dios nos ha recibido. Somos tres acianos; dos mujeres y un aciano con una sobrina enferma. Ya no tenemos fuerza para trabajar, así que sólo Dios con nosotros y nuestra comunidad Segundo Montes y nuestra solidaridad nacional e internacional.

El Top


Maria Elena

Maria Elena Gomez Dominguez

18 | agosto | 1951


Mi vida fue bastante dura. No tenia donde vivir. Andaba de un lugar a otro y a veces me comían y me iba a otro lugar. Luego me case de 20 anos y forme mi hogar donde vivieron mi suegra y mis padres. Luego surgió la guerra y yo empecé a andar huyendo con mis hijos y padres. Fueron momentos muy difíciles porque no había donde esconderse de los balas y morteros que tiraban los militares. Buscábamos un refugio donde irme y fue donde reunida con otras familia. Emigramos a Honduras en el ano 1983 a los pueblos refugiados y me uní con la comunidad. A los 75 días de haber llegado me uní a trabajar en los trabajos colectivos. Como en el taller de los petates, en el área de saneamiento y luego trabaje como coordinadora de la colonia done trabaje por la comunidad. Lo hice con voluntad y alegría.

En el ano 1989 llego el padre Segundo Montes a hacernos la propuesta de que si queríamos regresar a El Salvador. Por supuesto, queríamos y me vine el 7 de Febrero del 1990 en el asentimiento Hatos 2. Viniendo aquí terminado el trabajo comunitario que desempeña en Honduras pero hoy en día yo trabajo como pastoral en grupos de reflexión con adultos mayores. Estoy siempre pensando en mantener a los grupos en formación y mantenerme firme con estos grupos comunitarios desempeñando el tema de memoria histórica.

Solamente.

El Top


María Elizabeth Argueta

6 | diciembre | 1980


Yo nací en Villa EL Rosario, mientras mi mamá huía de los operativos militares, reseña de los pobladores de Morazán.

Con pocos días de vida, junto a tres hermanitos más, nuestros padres caminaron día y noche a escondidas hasta llegar a Colomoncagua, Honduras. El viaje fue junto a cientos de pobladores que también huían de la represión.

Mi infancia la viví en los campamentos de refugiados, viviendo en comunidad, estudiando bajo el programa de educación popular, donde los educadores eran personas de la comunidad, incluyendo niños y niñas. Después de estudiar por la mañana, en la tarde asistía a talleres de manualidades. Como todos los niños, jugábamos  libres en reducidos espacios, ya que había un cerco militar.

En 1990 regresamos a nuestro país, viviendo en la Comunidad Segundo Montes, gracias a la organización y la solidaridad internacional, salimos adelante, a pesar de grandes dificultades o necesidades. Desde hace algunos años formo parte del equipo pastoral de las comunidades eclesiales de base, aquí compartimos con la comunidad la memoria histórica y martirial, así como, la evangelización o reflexión de la palabra de Dios desde nuestro caminar.

El Top


María Félix Pérez

12 | enero | 1938


Antes de la guerra aporreando maicillo, molíamos en la piedra, para dar de comer a los mozos y a la familia. Cuando pasaba todo el trabajo de la milpa, sacábamos mescal y hacíamos jarcia, se trabaja mucho. En 1980 llegó mi hijo mayor y dijo que nos iban a llevar para Honduras. Hicimos un puchito de tortillas para llevar, no me gusta acordarme de lo que pasó como los niños llorando, no quería dejar mi casa, los animales, pero dejamos todo por no morir y salimos para honduras. Estando en Honduras, a los niños les daban un poquito de atol, los primeros días sufrimos, no había que comer.

Trabajé en la cocina haciendo tortillas para todo la gente y hacíamos jarcia en los talleres, sin ningún cinco. Hoy en la actualidad, he sido apoyada por mi familia, vivo con mis dos nietos Chepe y Santillos, de mis seis hijos, tres ya murieron; antes éramos bien unidos, estoy yendo a la cocina de acianos, gracias a la solidaridad internacional.

El Top

IMG_4064

María Juvenecía Luna Viuda

12 | septiembre | 1949


Antes de la guerra vivíamos siempre en una situación de gran pobreza, falta de educación cultural, las escuelas estaban centradas en los cantones donde había personas que tenían la fuerza económica. En los cantones que eran pobres, el Ministerio de Educación, les amenazaba si los padres y madres se negaban a pagar la matrícula de sus niños o niñas.

En tiempo de la guerra vivíamos sólo por nuestras propias fuerzas, raspando mescal en burros de palos, es decir, ganchos y dos estacas de madera. La agricultura, a través, de un poquito de maíz y maicillo.

Cuando la guerra empezó, la represión fue directamente con nosotros, los campesinos, con las religiosas, catequistas, que fueron víctimas como fue el asesinato de nuestro Obispo mártir: Octavio Ortiz.

La fuerza armada hacía grandes masacres; asesinando niños, quemando sus humildes vivienda, donde todo era hecho cenizas y llanto, como víctimas calcinadas  durante los años de persecución campesina, por la misma persecución del operativo “tierra rosada”, quienes éramos expuestos a morir, éramos las madres que nos tocaba andar en las guindas, es decir, madres de hasta cinco o seis niños.

Nos mandaron al refugio de Colomoncagua, Honduras. Costaba aliarse a porque nunca habíamos salido de casa, es decir, a otro lugar fuera del país.

Fue para mí una gran alegría al escuchar la información que nos dieron, de regresar a El Salvador. Tanto era mí alegría que decidimos que no nos importaba venirnos a empezar de cero, a empanzar otra experiencia, volver a dormir en el suelo, todos caretos de tile porque esos días no teníamos mucho, no comimos bien mientras nos fuimos organizando de nuevo para iniciar la vida en comunidad.

 

El Top


Maria Lidia Santos Vigil

28 | septiembre | 1961


A la edad de siete años yo colaboraba en los trabajos de mi familia, a los once años, fui a escuela, pero solamente por un año, tenía que dejar el estudio para dedicarme a los quehaceres de la casa. Los trabajos eran: hacer artesanías de barros, moler maíz y luego cocinar para los que trabajan en la milpa.

Me casé a los quince años y tuve mi primer hijo a los 16, a partir del año 1977 me organicé más abiertamente en el proceso de la lucha revolucionaria y todo esto fue posible por medio de la Teología de la Liberación.

En 1980 ya la represión era más fuerte, la Fuerza Armada se dedicaba a la persecución de algunas personas, se quemaban casas y mataban a los animales y todo ser viviente a su paso, mi familia ya no dormía en la casa sino en los montes.

En octubre de 1980, la Fuerza de Armada realizó un operativo llamado “Tierra Rosada” toda la gente del norte de Morazán nos fuimos a refugiar a Villa El Rosario porque ahí era el único municipio que no tenía puesto militar. Nos refugiamos en diferentes puestos, iglesias, casas abandonadas, también en la alcaldía. Pasaron como cuatro o cinco días, luego entró la Fuerza Armada tomándose el pueblo, recogiendo a la gente y asesinando mujeres y hombres. Cuando llegaron los capitanes de la Fuerza Armada evitaron más muertes de los que estábamos refugiados en Villa el Rosario. Esos mismos capitanes se organizaron para que se nos repartiera algunos alimentos.

Al día numero doce de estar ahí nos dijeron que nos podíamos regresar a nuestras casas, pero la mayoría de hogares ya habían sido quemados y destruidos por la FA.

Nos prometieron que nos darían seguridad para trabajar y sobrevivir, pero ocho días después de haber regresado al caserío, siguió la represión. En el pueblo de Torola mataron a campesinos y los ahorcaban, estos eran los Policías de Haciendo.

Un día me encontraron a mi y mi familia y nos dijeron que nos saliéramos para el corredor, y nos sentáramos en un banco, después buscaron una cuerda y preguntaron que dónde estaba mi esposo, les dije que no sabía dónde estaba, que ni siquiera les podía decir si estaba vivo o muerto, pero ellos creían que no queríamos decir dónde estaba. Después, me dijeron que nosotros hacíamos tortillas para los guerrilleros, yo les dije que no, que hacíamos para los niños, porque como íbamos a dejar que murieron de hambre. Pero el soldado con la cuerda que andaba me la tiró por el cuello y quiso ahorcarme, y yo estaba con mis dos niños, poco después ellos tiraron tres disparos, y se fueron, dejaron siete personas ahorcadas.

Ese día, no nos movimos de la casa durante el día, pero ellos siguieron quemando casas. Para el anochecer, a los quince días de que pasó eso, nos fuimos para el refugio de Colomoncagua. En el primer grupo que nos fuimos, íbamos aproximadamente ochocientas personas caminando, al amanecer llegamos a la escuela Las Flores, ahí nos recibieron los internacionalistas María y Enrique; después, llegó el teniente con los soldados, por que nos querían regresar al país, pero ya no se pudo, luego varias personas se enfermaron.

Cuando llegamos no teníamos comida, ropa, ni nada. Algunos hermanos hondureños nos daban dulces para los niños, Voces y Caritas se solidarizaron también con nosotros, pero también, sufrimos discriminación por parte de algunas personas hondureñas.

Para mi, el refugio fue una escuela donde aprendí mucho a trabajar en colectivo y muchos valores comunitarios.

El Top

María Matilde Chavarría Madariaga

15 | marzo | 1968


Fui de una familia humilde y pobre, y muy pequeña de ocho años comencé a trabajar, le daba al torno para hacer jarcia, para hacer hamacas, matates, en medio tiempo, y después me iba para la escuela. Estudie hasta tercer grado.

En 1980 la situación era difícil, los profesores tuvieron que retirarse porque se desató  una opresión con fuerte represión, mataban a la gente, las tropas de la Fuerza Armada de El Salvador, los ricos y el gobierno dejaron a la “tierra rosada”.

A la edad de doce años tuvimos que salir para Honduras, dejando a mis hermanos muertos, la Fuerza Armada los torturaron y los mataron. Cuando íbamos, caminábamos sólo por la noche y fuimos recibidos por las Naciones Unidas, en Colomoncagua. Cuando tenía catorce años, en el año de 1982 venía decidida a luchar junto con los compas. A luchar para trabajar por la justicia y cambios sociales en nuestro país. Ya estando en el país de El Salvador nos preparamos para andar con una radio de comunicación en la guerrilla corriendo y garantizando. El 22 de Julio del año 1986, por ir cumpliendo la misión de comunicación en un enfrentamiento la Fuerza de Armada me iba a capturar y torturar, así mataban a las guerrillas; los compañeros me salvaron y recogieron, una señora de la población que nos detuvo, le registraron la casa. Esto fue en Cacaguatique.

Mi lucha fue desde el año  1982 hasta que finalizó la guerra, después que se firmaron los Acuerdos de Paz, me entregué a la vida civil y formé un hogar muy bonito. Tengo tres hijos y mi esposo. Mis tres hijos  han logrado nuestra lucha: el estudio para poder vivir trabajando para ser felices.

El Top


María Visitación Solís Rosa

24 | julio | 1934


Yo crecí cortando café en la finca Los Caballeros, terminada la corta seguíamos con las pequeñas de café. Al pasar esta temporada veníamos a trabajar en milpas con mi papá. Luego aprendí a tejer petates de tule. Fui a la escuela sólo un año, hice primer grado. No seguí estudiando por el motivo de que me acompañé y después de dos años nos casamos. Vivíamos junto a los suegros y después compramos un terrenito donde hicimos la casa. Con él tuvimos 4 hijos pero después él se murió. Me volví a acompañar con otro hombre y tuvimos otros cuatro hijos. En el año 80 empezó el rumor de la guerra y ahí murió mi otro compañero de vida, quedando embarazada de mi último hijo.

Fue así como tuvimos que abandonar nuestras casas y demás pertenencias y salir huyendo por los montes, por temor a las Fuerzas Armadas. Buscamos refugio en otros municipios como Villa El Rosario. Estando ahí llegaron las Fuerzas Armadas, cuál no fue nuestra sorpresa cuando asesinaron a muchas personas. Gracias a Dios, los que comandaban esa fuerza eran de buen corazón, porque en vez de pedir armas pidieron comida para todas las personas que nos encontrábamos allá. Algunos hombres ahí fueron cruelmente torturados y asesinados.

Salimos para el municipio de Meanguera, ahí estuvimos dos días y después salimos para Osicala. Ahí mataron a mi hermano, luego salimos hacia Gualococti donde estuvimos refugiados tres años. Ahí mataron a mi hermana, debido a que su esposo formaba parte de la guerrilla, dejando cuatro hijos huérfanos. Ellos fueron entregados a la Cruz Roja.

En el año 1983 decidimos salir en busca de refugio al hermano país de Honduras, a un pueblo llamado Colomoncagua.

El Top


Marta Beatriz Hrtnandez

Marta Beatriz Hernández 

28 | julio | 1936


Yo tengo 78 anos y nací en el cantón progreso en el municipio de Torola departamento de Morazan.

Somos una familia de 8 hermanos; 4 barones y 4 hembras. Mis padres murieron cuando tenía solo un año y medio. A los 14 anos, me llevo con mi madrina por San Salvador. Ahí estaba cuidando una niña. Anos después regrese a la casa de mis hermanos para trabajar. Me levantaba a las 5 de la mañana a ordeñar 5 vacas que mis hermanos tenían y después les ayudaba a mis hermanos en otras cosas.

A los 30 anos me case con Bernardo. Con el procreé tres hijos. Después en el 20 de Enero de 1980, nos llevaron para los campamentos de refugiados en Colomoncagua, Honduras. Fuimos porque la fuerza armada de El Salvador estaba masacrando a la población civil. Yo me fui con mis niños y mi esposo se quedo combatiendo. A los 13 anos mi primer hijo fue a combatir.

Yo trabaje en educación dándole clases a los adultos y los niños. También trabaje en el comité de madres que se organizo para darles seguimientos a las reflexione Biblia y de la realidad. También fui parte del equipo pastoral en el refugio. Participe como coordinadora de la colonia velando por las necesidades de las personas de la Colonia 7 que así se llamaba donde yo viví en el exilio. Trabaje en la cocina donde se preparaba la alimentación para toda la colonia.

Todo lo elaborábamos en colectivo, no existía el individualismo, no faltaba la solidaridad de los de mas. Era una vida muy bonita. Para mi, vivir en Colomancagua fue una escuela y aprendí mucho.

El Top

Marta Lidia Hernanadez

Marta Lidia Hernández

28 | junio | 1960


Yo crecí en una familia en extrema pobreza. Solo logre estudia 3er grado porque en mi cantón solo habían clases hasta 3er grado. No teníamos oportunidades porque los gobiernos no les importaba la vida de los pobres. En 1977 yo empancé en algunos pequeños grupitos de compañeras y compañeros reuniéndonos en los montes clandestinos para analizar la vida que estuvimos viviendo. Una vida que cada vez mas peor para los mas desposeídos y por eso había necesidad de luchar.

En 1978, yo empecé acompañar el grupo de compañeros organizados de mi Cantón y los movíamos hasta la ciudad a manifestarnos en las calles y enfrente de ministerios para exigir respeto a los derechos humanos. Pero, la represión continuaba. En diciembre de ‘73, salió mi familia; mi madre, padre y dos hermanos para el refugio de Colomoncagua, Honduras. Pero yo me quede aquí en la guerra para poner mi granito de arena para la construcción de los cambios de El Salvador.

En al final del ano ’82 llegue a los campos de refugiados. Un lugar donde aprendí mucho de vivir en comunidad practicando muchos valores colectivos. Yo trabaje en la alimentación de colonia, en la seguridad y en el taller de sastrería. En 1984, yo empecé a trabajar como promotora de la salud. Trabajamos con los Médicos Sin Fronteras y ellos nos capacitaron y así aprendí a realizar primeros auxilio, inyectar y evacuar. Nosotros tratábamos a la enfermedades comunes. También, me encargaba de impartir charlas de prevención de enfermedades en el refugio. En 1992 trabaje en las cocinas de adulto mayor y después mas tarde trabaje en la panadearía. A

hora soy miembro activo de las CEBS donde estamos llevando acabo el proyecto de memoria histórica de nuestro mártires.

El Top


Maura Catalina Reyes Vigil

53 Anos


Crecí en una familia muy pobre, de escasos recursos económicos, en un techo ajeno y con dificultades. Estudié hasta segundo grado. Mi juventud la pasé en la lucha. Desde la edad de 17 años realicé trabajos domésticos. En 1978 me casé y formé mi familia, sólo procreamos una hija y luego tuve que separarme de mi esposo por problemas de pareja. En este mismo año nos organizamos y a partir de esas fechas ya no nos podíamos dormir en nuestras casas, debido a la represión que se desataba.

En Octubre de 1980 entran al norte de Morazán batallones de las Fuerzas Armadas Salvadoreñas, matando gente pobre, destruyendo lo poco que teníamos, quemando casas, arrasando nuestros cultivos y también matando animales.

Cuando entraron a nuestro cantón tuvimos que refugiarnos en la población de Villa El Rosario. Yo andaba con mi hija de 4 meses. Los soldados asesinaron a muchas personas: acianos, niños y jóvenes. Después yo tomé la decisión de buscar refugio en Colomoncagua.

Colomoncagua me sirvió como una escuela donde aprendí a vivir una vida comunitaria. Trabajé en saneamiento, también trabajé en las cocinas colectivas. Al final, yo era coordinadora de alimentos de mi colonia.

Viví en el campamento de Callejones, y ahora vivo en el caserío El Barrial, Comunidad Segundo Montes, todavía pobre pero en mejores condiciones que antes.

El Top


Narcisa Reyes

3 | enero | 1941


Nací en el Cantón San Lucas, Gualococti, Morazán, no estudié por la pobreza, porque éramos de escasos recursos económicos, mis padres eran jornaleros y trabajaban sólo en los cafetales; a la edad de siete años yo ya hacía las tortillas para la familia.

Mi padre trabajaba de seis a seis, el pago era un salario miserable porque sólo ganaba veinticinco centavos de colón. A la edad de diecisiete años me casé y a los dieciocho tuve mi primer hijo, en el matrimonio yo tuve siete hijos, pero antes de la guerra ya se me habían muerto dos. En el año 1978 mis hijos se incorporaron en el proceso revolucionario, ellos dieron la vida por la liberación, por el pueblo salvadoreño.

Mis hijos que cayeron en la guerra se llamaban: Felipe Santiago, José Hildo Peraza, José Carlos Peraza y José Ramón Peraza. En octubre de 1980 estuvimos refugiados en el pueblo de Gualococti, para mi fueron tristes esos días que estuvimos en el pueblo, los paramilitares que patrullaban en la zona me sacaron a mi hijo y me lo llevaron, y me dijeron que era para un momento, pero ese momento no llegó, porque lo dieron por desaparecido. El 9 de octubre de 1980, ese día, lo sacaron para matarlo y ese mismo día mataron a siete personas más, la represión continuaba a los alrededores de Gualococti, al norte de Morazán.

En agosto del año 1981 nos sacaron para que nos fuéramos a buscar refugio en Colomoncagua, Honduras. Yo trabajé en la cocina colectiva y coordinaba por semanas las cocinas colectivas y también hacía limpieza en los baños, allá todo era bonito porque estábamos organizados por sectores. En el campamento había una pastoral liberadora y catequistas para adultos y niños los domingos y hacíamos las celebraciones, los catequistas, al igual los actos religiosos.

Me gustó mucho vivir en Colomoncagua, yo era miembro del comité de madres activo, aquí ya todo es diferente porque las madres ya no queremos participar en las cosas religiosas, pero a mi edad yo quisiera tener fuerza para ayudar al proceso de proyecto comunitario, yo también me siento preocupada porque las personas no quieren participar en los eventos religiosos de la comunidad. Hoy vivo en la Colonia las Flores, Hatos I, Comunidad Segundo Montes.

El Top


PADRES JUANA Y ISIDRO ~sosteniendo una foto de su hijo fallecido

Padres Juana Martínez Ramírez Y Isidro Canales(fallecido)


Historia Martirial de dos hijos

El Primero de mis hijos era: José Leonor Canales Martínez que cayó en la planta de Jocoaitique Morazán en el año  de 1982 en el combate por una lucha justa, en defensa de la gente para que no murieran más. Mi otro hijo era: David Canales Martínez, él fue desparecido en Honduras de dieciséis años de edad.

Anduvimos durmiendo en el monte. “Huyendo”  por los operativos de la Fuerza Armada del gobierno Salvadoreño que llevaba a cabo la “tierra arrasada”.

El día  22 de Febrero de 1985 nos fuimos para el refugio en Honduras con un grupo de sesenta personas. Allá, aprendimos a trabajar en colectivo para tener fe y vivir en comunidad.

Viviendo aquí en Segundo Montes mi esposo murió.

El Top


Poligenia García Acosta

4 | octubre | 1936


A la edad de diez años empecé a estudiar tercer grado, ya no seguí estudiando por la pobreza, mi papá nos puso a trabajar en el campo. A mi hermano y a mí nos tocó trabajar con el henequén para el sustento de nuestra familia. Yo hacía venta de pan, quesadillas, tamales, artesanías elaborabas de papel y jabón de aceituno.

A la edad de treinta años me casé y tuve cuatro hijos. Después empezó la represión, yo estaba enferma pero no podía ir al hospital por miedo, porque ya venían asesinando a la gente de los cantones. Después me trasladaron a Ocsicala, de ahí me mandaron para San Miguel.

El 24 de Octubre de 1980 matan a mi esposo, Silvano Hernández, y el 22 de junio del año 1980 matan a mi papá, Leonicio Acosta. Él iba para donde mí, estaba cumpliendo años mi hermano Magdaleno, y él iba a dejarme un pan. Yo estaba encerrada en la escuela y salieron, lo agarraron y mataron a mi papá.

El día 25 me avisaron que lo habían encontrado en una casa y ahí mismo lo enterraron. Después nos salimos de la casa y los fuimos para una casa que estaba cerca del río y de ahí nos sacaron para la Villa El Rosario. Allá estuvimos casi seis meses y de ahí nos llevaron para el refugio en Colomoncagua, Honduras.

Primero me dediqué a la cocina colectiva y después de cuatro meses me dediqué a enseñar en parvularia, luego doctrina. Participaba en la seguridad de los campamentos de refugiados.

El 15 de febrero de 1985 me informan que mi hijo había caído en combate contra el enemigo.

A mi me gustó mucho convivir, porque allá sí había organización y si uno no tenía dinero siempre comía y se vestía. Cuando me dijeron que nos íbamos a venir para El Salvador, me sentí alegre pero a la misma vez triste, porque dejaba a mi madre enterrada en los cementerios de los campos de refugiados.
Hoy vivo en la Colonia Las Flores con mis nietas y mi hija. Esta es mi biografía. Comunidad Segundo Montes, Municipio de Meanguera.

 

El Top


Rosa Emilia Chica

18 | agosto | 1979


Recuerdo que en mi infancia viví en los campamentos de Colomoncagua, Honduras. Allá estudié la parvularia y primer grado. Recuerdo que acompañaba a mi mamá cuando le tocaba hacer posta, ella me llevaba para que le hiciera compañía. Yo tenia apenas ocho años, también me mandaba a que les avisara a las personas cuando ya era hora de la catequesis. Mi madre trabajaba por las tardes con las personas adultas.

Cuando retornamos a El Salvador ya tenía 9 años, aquí seguí con mis estudios por las mañanas. Recuerdo que el segundo grado lo hice debajo de unos arboles de mango y por la tarde iba al taller de manualidades donde aprendí hacer bordados.

Terminé mis estudios de educación media. Me casé y tengo dos hermosos hijos.

Trabajo en el equipo de pastoral, me incorporé hace cinco años. Tengo un grupo de niños de la Escuelita de Fe, a quienes enseñamos cosas que les sirven para la vida, así como cosas sobre la vida de Jesús y de Monseñor Romero. Me gusta mucho compartir con ellos lo poco que yo voy aprendiendo en este caminar.

El Top


Sabina Luna Pérez

11 | junio | 1936


Yo crecí con mi hermano mayor debido a que mi papá falleció cuando yo tenía un mes de haber nacido. Mi hermano se hizo responsable porque también mi madre se murió. No tuve la oportunidad de estudiar debido a que tenía que moler para ellos. Yo quebraba maíz en la piedra, les ayudaba a cuidar animales como cerdos, vacas y pollos. En ese tiempo era muy difícil porque no había posibilidades como las hay ahora.

Cuando llegué a los 22 años me casé y procreamos seis hijos, tres mujeres y tres hombres, dos murieron chiquitos. El segundo hijo murió en la guerra y la tercera murió después de que volvimos de Honduras, en el año 1993. Ahora cuento con dos hijos, una hija y un hijo, dos nietos y dos bisnietos.

En el año 1980, debido a la guerra, mi familia se desintegró. Unos se fueron para el pueblo y otros para San Miguel, por temor a la guerrilla.

En el año 1983, me fui para el exilo por la represión. Llegando allá me incorpore a trabajar en la guardería y en la concina colectiva, hacía turnos cuando estaba bien de salud.

Después que regresamos seguí trabajando en la guardería, hasta que por mi estado de salud ya no podía seguir trabajando. Pero ahora gracias a la cooperación alemana nos dan la alimentación en el centro de ancianos aquí en San Luis.

Esta es mi historia, vivida durante mi vida actual. Lo que me acuerdo es mucho más, pero hasta aquí me quedo.

El Top


IMG_4027

Santos Angelina Ortiz Pérez

1 | octubre | 1944


Cuando yo era niña colaboraba con los quehaceres del hogar en mi familia. Luego cuando ya crecí me casé y procreamos 14 hijos, 7 hombres y 7 mujeres, pero varios se me murieron chiquitos. Cuatro de ellos murieron en el conflicto armado.

En el año 1980 llegaron rumores de la guerra, no podíamos seguir viviendo en casa porque estábamos perseguidos por las Fuerzas Armadas.

En el año 1981 asesinaron cinco familiares, incluyendo a mi suegra, cuñadas, niños y niñas, entre ellas una hija mía. Quemaron las casas y siguieron con la represión, matando a quienes encontraban y destruyendo cultivos. Quemaban los productos básicos y robaban todo lo que encontraban.

Era demasiada la persecución, no podíamos seguir viviendo de esa forma. En el año 1983 decidimos irnos para el exilio en busca de refugio, para no aguantar más hambre, sueño y todo tipo de maltrato contra nosotros.

Llegando al exilio fuimos recibidos y asistidos por ACNUR. Pasamos a ser reconocidos como refugiados. En el refugio nos cuidábamos unos a otros, porque el Ejército Hondureño nos reprimía. Algunas veces hacía cateos en los campamentos y nos amenazaban.

Tuvimos oportunidad de estudiar porque había espacio para que estudiaran los adultos también. Yo trabajé en la elaboración de jarcia, hamacas, matates y lazo. Todo esto era para la misma comunidad.

En el año 1989, presenta el coordinador la propuesta de repatriación. No fue fácil, fue toda una lucha, donde con sacrifico y esfuerzo de cada uno logramos regresar. El retorno fue muy difícil porque nos fuimos en guerra y regresamos en guerra. Al regresar nos instalamos en cinco asentamientos: Barreal, Hatos 1, Hatos 2, San Luis y Quebrachos. En el año 1990 se bautiza con el nombre del sacerdote jesuita Padre Segundo Montes, porque él nos visitó en dos ocasiones en el exilio y nos dio muchas esperanzas y palabras de aliento y nos animó mucho con la repatriación.

A pesar de tantas dificultades la comunidad mantiene esa esperanza de mantener la historia de nuestros mártires viva.

El Top


Santos Eulalio Martínez

2| febrero | 1935


Antes de la guerra trabajaba en la agricultura. Cultivaba maíz y maicillo.

Con mi esposa Rita Pérez García teníamos dos niñas.

En el año que estalló a la guerra, primeramente mi trabajo fue la organización, después pertenecía a correos. Luego fui a las tomas de pueblos. Fui camillero. En 1985, trasladaba heridos de un lugar a otro y en la noche corría a traer armas a un lugar, El Caracol. Caminamos 10 noches seguidas sin comer con tres bolsas de munición y tres fusiles.

La primera toma de pueblos fue en Joateca, Corinto. Había paramilitares. No comíamos bien. El sargento se llamaba Dimas Blanco. Dimas Blanco mandó a matar al alcalde Jorge Benítez y a Marta Romero, la mataron los soldados quitándole la ropa y la violaron.

La toma de Corinto se peleó tres días y tres noches. Luego nos fuimos. Para mí es una historia haber visto esos hombres cazadores rendirse.

Salí para Colomoncagua y allí trabajé en agricultura, cultivando hortalizas, lavando maíz, ayudando en la cocina. Habían grupos de mujeres organizadas.

Durante la ofensiva fue un gran sufrimiento. Enterrábamos dos o tres en un agujero a la hora de sepultar. No teníamos con que cubrirlos.

En la actualidad permanezco en la directiva de la Colonia Italia y trabajo en la agricultura.

El Top


Hombre

Vidal Pérez

25 | febrero | 1938


Yo quiero compartir mi vida antes de la guerra.

Yo nací en el Lislique en el departamento de La Unión. Soy de una familia muy pobre. Crecí sin padre reconocido, solo tenia mi madre y hermanos. No estudie. Por eso yo crecí hasta 15 anos analfabeto. Mi escuela fue apenas. Yo trabaje en la agricultura al día para ganar 25 centavos. De colon los tenían, todo los días.

En mi cantón no había escuela. Los jóvenes no sabíamos leer ni escribir entonces formábamos una clases nocturna para estudiar en la noche por dos horas usando la luz de la luna y candelas. Éramos 20 jóvenes, cada quien le pagamos al profesor; unos con trabajo y otros con dinero. Eso dura un ano.

Nuestro profesor nos ayudo a formar la directiva. Luego, los organismos en grupos y hicimos una calle vecinal para el mismos caserío de cantón.

Ahora soy uno de mínimo hombres que forma parte del Equipo Pastoral. Yo uní en los campamentos en Colomoncagua, Honduras y hasta la fecha estoy trabajando por la comunidad Segundo Montes y la Fe.

El Top


Tito Lucas López(conocido como Lorenzo)

18 | octubre | 1946


Recuerdo que a la edad de 10 años iba a la escuela de 7 a 4 de la tarde y de 2 a 4 nos enseñaban manualidades, tanto a hembras como a varones. Aprendí a torcer el mescal para hacer hamacas, matates y muchas cosas más. Yo iba descalzo porque no tenia para comprar zapatos. Hice hasta cuarto grado. A los 14 años me tocó trabajar en el verano, hacía milpa. En el mes de noviembre me fui a las cortas de café para hacer un poco de dinero. Era un trabajo muy duro y muy mal pagado, nos explotaban y nos robaban en la pesa del café. Con lo poco que nos daban compraba ropa y cositas para la comida. Compraba maicilleras, maguey y hacía tomateras para sobrevivir.

Algunas veces tenía que sacar fiado y pagar con trabajo al patrón.

Me acompañé a los 22 años y tuve 7 hijos.

Me organicé en el año 1970, porque había necesidad. Empezamos haciendo trabajos en conjunto y compartíamos todo en la comunidad.

Nos reuníamos con algunas catequistas a escondidas para tomar conciencia y empezar a tomar las armas. En 1970 me quemaron la casa. Tuve que vivir en el monte en medio de las matas de maguey.

Tome consciencia de que había represión, marginación y una dominación de los patrones que se querían quedar con todo. Se empezó una lucha con armas blancas, es decir, machetes y palos y luego con armas de fuego.

Fui a los campamentos porque me puse mal de salud y allá me dediqué a la formación de niños. Hacíamos oración todas las mañanas a las seis. También hacía celebración de la palabra.

También impartí clases de segundo y cuarto grado cuando regresamos a El Salvador. Seguí trabajando en la pastoral haciendo un trabajo voluntario, es decir, no remunerado.

Con ayuda de otros países se luchó para comprar y construir el Templo a la memoria de los héroes y mártires. Soy parte del grupo fundador de este lugar.

Actualmente vivo en San Luis, siempre acompañando a las comunidades de base.

El Top


default-no-image

Tobías Joel Hernández

6 | febrero | 1962


Yo nací en el cantón El Progreso de Torola, en una familia campesina y humilde. Nuestro trabajo era la agricultura. Éramos bien pobres, lo cual nos obligó a organizarnos y luchar para poder cambiar nuestra forma de vivir. Con la ayuda de las catequistas que nos preparaban y también del Padre Miguel Ventura que nos llegó a aclarar muchas cosas.

Toda nuestra familia se incorporó a la lucha de masas, pero fue en ese momento cuando los comandantes de las patrullas cantonales recibieron la orden de vigilar a la gente para saber quiénes estaban organizándose para ir a manifestarse. Esto generó pánico en algunas personas de la comunidad y decidieron irse para otras poblaciones cercanas, pero otros nos incorporamos de lleno a la lucha reivindicativa. Después nos fuimos a las montañas para armarnos, con la certeza de que esa era la única alternativa que nos quedaba.

Después, a algunos de nosotros, por tener alguna discapacidad, la organización decidió enviarnos hacia los campamentos de refugiados en Colomoncagua, para que tuviéramos reposo en ese lugar. Se daba ayuda a los compas ya que era un lugar desde donde enviaban a todos los niños que ya eran adolecentes para que ingresaran a las filas guerrilleras.

Ahora, dos décadas después la guerra, es conveniente mantener la organización y estar unidos en todos los aspectos, para enseñarles a las nuevas generaciones lo que fue la organización para todos nosotros.

El Top


VICENTE HERNANDEZ

Vicente Hernández

24 | enero | 1942


Soy madre de dos hijos, dos hermanos y mi esposo todos caídos en el conflicto armado.

Antes de la guerra vivíamos individualmente. Vivíamos del maguey, agricultura y algunos animales como cerdos, ganado y aves de corral.

Desde tierna rosada trabajaba en la tierra, desde abril hasta octubre, y desde noviembre hasta marzo, íbamos a trabajar de la corta de azúcar y algodón. Trabajábamos mucho y el salario no era suficiente y la comida en mal estado. Regaban químico y los trabajadores se enfermaban como mi esposo quien se murió en esas haciendas.

Por eso se organizó el pueblo, porque había muchas injusticias. Nosotros nos evangelizamos en la fe y la vida junto al Padre Miguel Ángel Ventura, en el año 1974. Después, nos organizamos en las comunidades para trabajar en colectivo. Desde entonces el gobierno, los ricos y la Fuerza Armada dejaron sufrimiento y dolor en nuestro país, El Salvador. En el 1980, se desató una gran represión que nos dejó la “tierra rasada” matando a pobres,  catequistas, sacerdotes, a Monseñor Romero y siguieron con las comunidades. Con artillería eléctrica, bombardeos por aire y tierra, patrullajes todos los días, pasamos durmiendo en el monte porque la Fuerza Armada y el gobierno mandaban a quemar las viviendas y a matar a la gente y la horcaban, la quemaban y desaparecían.

El 16 de octubre del año 1980 estuvimos en la Villa el Rosario, con niños recién nacidos, enfermos y ancianos. Llego un fuerte operativo, llevaban el plan de hacer una masacre, pero vieron que allí no habían guerrilleros.

Trataron de sacar a la gente de las iglesias e hicieron una fila de los hombres, las mujeres y al final los niños. Después, fueron matando a los hombres mayores y otros enfermos, y los que quedamos vivos no los dejaron salir, al primer grupo, nos tuvieron ocho días sin comer.

Yo estuve escondida en el monte con mis niños y me hallaron, yo lo que hice fue recoger a mis niños y evocar a la Virgen y a Jesús para que nos rescatara y me diera vida.

Los soldados me interrogaron y me amenazaron con un fusil y un cuchillo, de repente, fue como que vieron algo y se corrieron, por milagro de  Dios que me defendió.

No se podía vivir porque los patrulles de la Fuerza Armada pasaban todos los días.

Puedo recordar el 20 de noviembre de 1980, hicieron una masacre de mujeres, niños, ancianos y enfermos en el cantón Agua Zarca, Torola, Morazán. El día 11 de diciembre de 1980 salimos de El Salvador, el primer grupo de seiscientas personas, caminábamos de noche, y en el día, nos escondíamos en el monte por los helicópteros y la Fuerza Armada. Sentíamos la presencia de Dios en las personas que nos recibieron como las Naciones Unidas, pero también tuvimos muchas dificultades, pasamos hambre y represión por parte del ejército Hondureño.

Todo esto fue a consecuencia de denunciar la injusticia  y anunciar la buena nueva en cada comunidad y un grito al cielo de Dios, que oye escucha y baja para liberarnos.

Hasta el momento yo sigo luchando para no perder la fe de la Memoria Histórica. Esta historia debemos contarla a las nuevas generaciones. (Deuteronomio 4; 9-12)

El Top


Victorino Pérez Luna

19 | marzo | 1951


En el 79 recuerdo que yo trabajaba en la milpa. Trabajábamos en unas tomateras, practicábamos la vida comunitaria y compartía lo poco que tenía con las vecinas. Era muy bonito, la gente apreciaba a mi familia.

En el mismo año empezamos a reunirnos en el cantón porque ya había amenazas. Había que cuidarse para que los escuadrones de la muerte no nos encontraran por las noches, ellos se metían a las casas y mataban al que hallaban.

Me motivó la religión, porque también practicaba la palabra de Dios.

En el 80, se organizó toda la gente, las mujeres y los jóvenes cada quien tenía su rol, en la cocina, en la vigilancia y en la logística.

Yo era encargado de organizar los grupos. Recuerdo que en ocho días ya tenía ocho pelotones, porque todo se nos venía encima. En los campamentos de batalla había mucha estructura, a cada quien lo colocaban en un cargo que pudiera desempeñar. Los evaluaba la dirección. A mí me tocó siempre la estructura de organización, tenía que explicarle a la gente que se unieran para defendernos.

Organicé a todo mi caserío, luego me trasladaron hacia Corinto para que organizara otras comunidades. Todos teníamos el mismo objetivo y la misma necesidad. No había distinción de nada, ni de edad, esa era mi misión.

El Top


IMG_4076

Virginia Madariaga

23 | septiembre | 1933


Yo soy madre de cuatro hijos caídos; una hija y tres hijos. Todos estuvieron organizados para luchar contra las injusticias que se vivía en nuestro país, El Salvador.

Mi nombre es Virginia Madariaga.

Nosotros salimos de EL Salvador a refugiarnos al país vecino de Honduras. Llegamos el 21 de Junio dejando a mis hijos, lo más sagrado de mi corazón, para que lucharan y dieran la vida por su pueblo, para que fuera más digno. Llegando allá las Fuerzas Armadas de Honduras nos maltrataban de muchas formas: nos mandaban más hacia el centro de Honduras, nos quitaban los alimentos, las medicinas…. Les prohibían a los internacionales que vivieran con nosotros.

Allá es donde encontraron a mi esposo, Erneterio Chavería. Se lo llevaron el 29 de Agosto del año 1985. Cuando mucha gente decidimos repatriarnos a nuestro país, mi esposo y yo junto con otros, decimos continuar luchando con nuestras vidas por un cambio para tener lo necesario.

Nosotros ya estamos ancianos y no podemos trabajar y lo peor es que no tenemos nuestra casa permanente, sólo una casita provincial que pertenece a nuestra organización. No hemos conseguido una casa digna, ojalá se nos concediera este deseo de una vivienda digna aunque sea para vivir los últimos días.

Gracias a todos los que se acuerdan de tener una comunicación con nosotros.

El Top

 

Advertisements